lunes, 13 de junio de 2011

Viernes 25.

Hoy es nuestro último día en París, y por tanto nuestro último día como "guiris".
Nos dirigimos al Palacio de Versailles. Casi ninguno de nosotros sabía qué era exactamente lo que íbamos a ver, porque teníamos en mente un palacio bonito; parecido a los que aparecen constantemente en las películas. Una vez que nos dieron las audio-guías, quedamos con las profesoras a una hora determinada en un punto del palacio. Nos pareció estupendo la idea de descubrir y disfrutar del Palacio de Versailles nosotro solos. Pasamos por tres salas que ambientaban perfectamente la época de máxima actividad del Palacio, con herramientas, cuadros y mapas interactivos, etc.
Luego, decidimos ir a las salas más famosas, así que empezamos a buscar la Sala de los Espejos.
La búsqueda no resultó fácil, pero nos permitió ver las numerosas habitaciones y salas de estar de los antiguos residentes. Tras ver la Sala de los Espejos, salimos a los jardines. Su increíble belleza nos dejó con la boca abierta. A pesar de tener tan sólo 45 minutos para visitarlos, nos encantó el recorrido.
Al acabar nuestra visita del Palacio de Versailles, intentamos llegar al sitio donde habíamos quedado con las profes, empleando toda nuestra capacidad de orientación. Una vez allí, nos reunimos con más gente del grupo y esperamos un buen rato, pero no aparecía nadie. Nos dimos cuenta de que el lugar en el que nos encontrábamos era un pequeño palacete, y para asegurarnos de que no estábamos equivocados, nos quedamos en un césped que había cerca. Estábamos rendidos y hambrientos, así que empezamos a comer; pero una de las profes apareció en ese momento diciéndonos que llevaban ya largo rato esperando. A pesar de no ser ese el plan , nos dejó terminar con nuestro pic-nic. Tras terminar de comer, volvimos a la primera parte de los jardines para descansar un rato y abandonar aquel fantástico lugar.



Subimos al autobús, todos agotados. Algunos durmieron, otros prefirieron hacer fotos y hablar hasta llegar al "collège Notre Dame", donde nos esperaban nuestros amigos franceses.
Esa misma tarde, tuvimos una fiesta de despedida en casa de William; uno de los franceses.
La fiesta estuvo bastante bien. Había comida, bebidas, mucho baile...pero a pesar de toda esa diversión, ya se empezaba a palpar en el ambiente cierta tristeza por nuestro regreso a España; una tristeza que no tardó en desaparecer porque nos los pasamos en grande y disfrutamos de nuestra última noche hasta el final.

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